Mis amigos, mi alegría

Desde que tengo memoria, siempre fui una persona muy tímida. Tan tímida que me costaba abrirme y darme a conocer a los demás. Pero recuerdo con claridad que, cuando empecé a ir a las reuniones de un grupo misionero, los chicos me recibieron con los brazos abiertos y me ofrecieron una amistad tan sincera que comencé a sentirme querida y valorada por lo que era… Y así, poco a poco, me fueron infundiendo confianza y me animé a ser cada vez más yo.

Mis amigos significaron (y significan) para mí mucho más de lo que podría expresar. En gran parte, soy lo que soy gracias a todo lo que compartimos con ellos. Alegrías y tristezas. Mates y charlas. Viajes y programas de todo tipo. Salidas y juntadas a comer. Compartimos la vida.

Con ellos nos apoyamos mutuamente y nos animamos a seguir adelante. Nos potenciamos, nos ayudamos a ser la mejor versión de cada uno. A medida que escribo esta nota, se me vienen a la memoria miles de momentos en que nos vimos tentados por inevitables carcajadas. Situaciones puntuales en las que me dolieron los cachetes de tanto reír.

A lo largo de la vida tuve muchos amigos. Con algunos nos distanciamos porque nuestros caminos se separaron naturalmente. Con otros nos vemos una vez al año, pero quizás en ese encuentro hablamos de los temas más profundos que estemos transitando. Con algunas nos vemos todos los días porque nos conocimos en el trabajo, y por lo tanto compartimos la cotidianeidad. Hay personas que sigo conociendo y se van transformando en amigos… Como ejemplo puntual, puedo mencionar a mis vecinas del edificio, que fueron las únicas personas a quienes estuve viendo durante la cuarentena. Con ellas pudimos charlar cara a cara, expresándonos y escuchándonos unas a otras en este tiempo difícil para todos.

Tengo también amistades profundas y duraderas que fueron cambiando con el tiempo… porque nosotros fuimos cambiando. Fuimos creciendo, madurando y viviendo situaciones que nos marcaron. Y es natural que eso pase, porque en la vida “cambia, todo cambia”.

Con cada nueva amistad, fui aprendiendo que cada uno es único y diferente. Pero que justamente estas diferencias son las que nos enriquecen.

Corroboro lo que decía al principio de la nota: no tengo palabras que me alcancen para expresar lo que mis amigos significan para mí. Pero sí puedo afirmar que la amistad es un don, es un regalo que nos ofrecemos de forma mutua con el otro, es el tesoro más valioso que uno puede encontrar en la vida.

Publicado en la revista Bienaventurados/julio 2020

 

 


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