Hoy, a pocos días de celebrar la fiesta de Pentecostés, estrenamos «Sopla en mí». Una canción que nos invita a abrir el corazón y dejar que el Espíritu Santo nos transforme en lo cotidiano. 🕊️🔥
Les comparto la letra, y próximamente estaré subiendo los acordes:
Hágase tu voluntad: una canción para encomendarse a Dios
Esta canción empezó a resonar en mi cabeza en mayo de 2019. No me acuerdo el momento exacto, pero hacía poco habíamos vivido una situación difícil en mi familia.
A veces nos toca vivir este tipo de experiencias fuertes, angustiantes, que nos desestabilizan y nos obligan a frenar de golpe.
Y ante estas circunstancias que no dependen de nosotros, ¿qué podemos hacer? Creo que lo mejor es ponerse en manos de Dios. Encomendarle eso que nos sobrepasa y dejarnos sostener por él.
Comparto la letra de la canción, y en unos días estaré compartiendo también los acordes. Espero que les guste y que los ayude a poner siempre su confianza en Dios, incluso -y con más razón todavía- en los momentos difíciles.
4 thoughts on “Preparando el camino | Letra y acordes”
Preparemos el camino es una de las canciones más hermosas que he visto y escuchado para el adviento… Felicitaciones.
Voy a proponerla para cantarla en mi parroquia. Saludos desde Valencia, Venezuela. Parroquia Jesús Bien Pastor.
¡Hola! Muchísimas gracias por tu comentario, ¡cuánto me alegra que te haya gustado la canción!
Si la llegan a cantar en tu parroquia, me encantaría ver o escuchar alguna grabación 🙂
¡Que Dios te bendiga y que tengas un buen comienzo de Adviento!
Hoy quiero escribir sobre la música, ese “algo” tan importante en mi vida. Pero no sé cómo empezar porque no sé cómo expresar lo que significa para mí. Realmente es demasiado.
La música es alegría para mis oídos, descanso para mi alma. Es compañía cuando estoy sola, pero también cuando estoy con amigos. Es la que genera el ambiente propicio para lo que sea y, en muchas ocasiones, es la que congrega.
La música, también, es motivo de gozo para mi cuerpo. Porque a través del baile puedo moverme libremente siguiendo algún ritmo. Me invita a activar cada parte de mi ser…
La música es un conector con lo que me pasa, pero también un gran medio de expresión. Porque a través del canto o de una sucesión de acordes en algún instrumento puedo manifestar lo que quizás no sé decir con palabras.
La música es causa de inspiración en muchas oportunidades. Tiene el poder de despertar mi mente y de generar pensamientos y sensaciones.
La música le da color a mi vida y enriquece con matices cada momento.
Por eso, en este día, no puedo dejar de decir: “Gracias a la música, que me ha dado tanto”.
Hace un año comenzó esta historia. Unos días antes, quizás, cuando nos dijeron que nos iban a presentar. Pero hace un año nos vimos por primera vez.
Pasaste a buscarme y, cuando abrí la puerta de mi casa, te vi parado en la vereda de enfrente. Parecías muy tranquilo. Sonreíste y levantaste la mano en un saludo tímido. Después intercambiamos nuestras primeras palabras mientras íbamos al río a tomar unos mates en esa tarde tan especial.
Seguimos saliendo y conociéndonos más. Pasamos tiempo solos, pero también empezamos a compartir la vida con nuestros amigos y familiares. ¡Qué lindo fue conocer a cada uno de tus seres queridos! Y qué lindo que vos conocieras a los míos y empezaras a ser parte de mi vida.
Encuentro a encuentro fuimos creciendo en confianza. Hablamos de temas cada vez más profundos y abrimos nuestros corazones con total sinceridad. Nos animamos a expresar nuestros miedos, nuestras incertidumbres, nuestros sueños…
Lo hicimos con coraje, la verdad. Porque vamos a decir que, en toda relación, hay que tener valor para seguir conociendo al otro y abrazarlo tal cual es. Y también para dejarse conocer con todo lo que uno es. Pero, de los dos lados, decidimos hacer un lugar y acoger al otro en la propia vida.
Después de todo este tiempo compartido, vamos a dar el gran paso de unir nuestras vidas. Y acá estamos, caminando juntos, soñando proyectos en común, respetando nuestros tiempos, siendo fieles a nuestros valores, compartiendo planes, ayudándonos a ser mejores personas, buscando hacernos cada vez más felices el uno al otro. Acá estamos, amándonos cada día más.
En el verano de 2020 leí un libro que proponía escribir tres páginas todas las mañanas. Con pensamientos, ideas, sueños y todas las cosas que uno tiene dentro. A mí tres páginas me parecían un montón, así que decidí empezar con una por día. De todas maneras, me intrigaba cuánto tiempo duraría. Porque una cosa era escribir en vacaciones, levantándome tranquila y con tiempo para usar como quisiera. Pero otra cosa era sostener ese hábito a lo largo del año.
La cuestión es que me sorprendí a mí misma. Hace mil días que escribo todas las mañanas. Todas.
La escritura se convirtió para mí en una gran aliada. Hasta ese momento, venía escribiendo reflexiones que compartía con quien las quisiera leer, en distintas revistas, en mi blog o en mis redes sociales. Incluso tenía publicado un libro que había nacido como fruto de un gran viaje. El tema es que siempre había escrito para los demás: pensando en un “otro” que me leyera, tratando de que me entendiera lo mejor posible y de que lo que yo contara fuese interesante.
Pero a partir de 2020, además de esas reflexiones para compartir, también empecé a escribir solo para mí. Y en esos cuadernos encontré un espacio de conexión conmigo misma que jamás hubiese imaginado.
En estas primeras mil páginas me conocí mucho más. Dejé por escrito mis alegrías, expresé mis miedos, mis anhelos, mis inquietudes. Descargué mis enojos y frustraciones. También tomé decisiones: en estas mil páginas se originaron planes, proyectos, viajes y muchas cosas más.
No puedo explicar lo que crecí en estos últimos mil días. Me doy cuenta porque, cada vez que termino un cuaderno, lo releo y subrayo las cosas que me llaman la atención o que me parecen más importantes. Y siempre encuentro descubrimientos y aprendizajes. Veo lo bien que me hace expresarme por escrito, sin filtros, yendo a lo profundo, con sinceridad y siendo 100% auténtica, porque sé que nunca nadie va a leer lo que escribo ahí.
En estas páginas escribo para mí, y eso es lo que las hace valiosas. Son un reflejo de lo que soy, de lo que me voy animando a descubrir poco a poco. Ojalá todos puedan encontrar un modo de expresión que les haga tan bien como la escritura le hace a mi alma.
Hace dos años publiqué un artículo titulado “Vivir la soltería con paz en el corazón”. Me impresionó la repercusión que tuvo y quedé conmovida con la cantidad de mensajes que me llegaron en esos días. Había escrito sobre un tema que para mí era importante pero que, evidentemente, tocaba a muchas personas.
En estos últimos dos años pasaron muchas cosas. Seguí saliendo y conociendo gente. Arriesgándome a abrir el corazón una y otra vez. Porque, si bien disfrutaba la etapa de soltería y todas sus oportunidades, no podía ignorar mi anhelo de conocer a alguien con quien compartir la vida.
Tuve ilusiones y decepciones. Tras malas experiencias, llegué a preguntarme si sería capaz de volver a confiar tanto en otra persona. No tenía miedo de volver amar, pero sí de volver a sufrir por amor. Y una y otra vez volví a decirme que sí, que valía la pena seguir intentándolo.
Hoy estoy felizmente de novia con alguien que se convirtió en mi luz, mi confianza, mi alegría. Y cada tanto nos preguntamos: “¿cómo no nos conocimos antes?”. Con tantos amigos en común, tanta vida social, tantos gustos compartidos, ¿dónde estaba cada uno, que no nos encontrábamos?
Y no sé si algún día sabremos la respuesta, pero la realidad es que nos conocimos en el momento justo: en el momento en que Dios quiso. A veces pienso que se tomó su tiempo. O sea, ¿era necesario que pasaran tantos años para presentarnos? Pero después me pregunto si, en caso de habernos conocido antes, nos hubiese ido tan bien. Quizás alguno tenía que terminar de procesar algún tema, quizás alguno tenía que vivir cierta experiencia, quizás era mejor que pasara todo este tiempo para poder valorarnos tanto el uno al otro…
Lo cierto es que, evidentemente, el momento en que nos conocimos fue el momento favorable. Porque los tiempos y los planes de Dios son más altos de los que nosotros podemos imaginar.
2 thoughts on “Seguir confiando en el amor”
¡Muy buena tu reflexión Mechi. Los vi en la Peña. A mi me está pasando lo mismo con la chica que estuve por coincidencia esa noche alli. Y creo lo mismo que el buen Dios nos encontró, hasta escribí una zamba que lo refleja. Y es verdad que a lo mejor antes el tiempo no hubiera sido el propicio por situaciones que cada uno debía procesar, cerrar, madurar, etc. Cuesta exponerse al otro pero cuando encontramos a la persona indicada todo cobra sentido y nos invade una felicidad inmensa!.
¡Hola, Sebastián! Muchas gracias por compartir también tu testimonio.
¡Que les vaya muy bien y que Dios los acompañe siempre en su camino!
Me parece increíble todo lo que uno puede comunicar con la mirada. A través de ella, no solo nos conectamos con los demás, sino que también nos expresamos. Y, así como otros nos transmiten distintos mensajes según cómo nos miren, es bueno tener en cuenta la importancia que nuestra mirada tiene para los demás.
A lo largo del día, nos cruzamos con cientos de personas que aparecen en nuestro camino. ¿Somos conscientes de cómo las miramos? Por más efímero que sea cada encuentro, ¿vemos al otro con amor? ¿Lo hacemos sentirse amado y valorado?
Cada persona es sagrada, única e irrepetible, y deberíamos valorarla por lo que es en sí misma, aceptándola tal y como es. Y, además, cada una tiene una realidad distinta. No podemos cerrar los ojos ni ser indiferentes a lo que les pasa a los demás, porque somos responsables unos de otros.
Lamentablemente, a veces esto no resulta tan fácil de llevar a la práctica: como la mirada implica un vínculo, muchas veces el miedo a lo diferente o a vernos comprometidos con la realidad del otro hace que desviemos la vista hacia otro lado. Nos dejamos llevar por una “ceguera voluntaria”, porque tenemos miedo a abrir nuestros corazones.
Desde la fe, debemos descubrir la presencia de Dios en todos nosotros. Cada persona es una historia sagrada y es parte de la creación de Dios. Él nos ama incondicionalmente, incluso con nuestras pobrezas. Y solo desde un amor que acepta nuestras pobrezas es que podemos ir a las del otro sin creernos más importantes o mejores. Habiendo experimentado este amor, no podemos creernos superiores a otros: todos tenemos heridas que necesitan ser sanadas.
Para llegar a un acercamiento verdadero, es necesario bajar algunas barreras y desarmarnos, siempre desde el amor. La mirada es la que derriba los muros que nos separan y que, muchas veces, nosotros mismos construimos.
Empecemos amando desde la mirada. Después iremos involucrando todos nuestros sentidos y nuestro corazón. Pero empecemos, al menos, con una mirada sincera, amable y respetuosa, para generar un acercamiento verdadero y un encuentro profundo.
Publicado en Somos Bienaventurados/septiembre 2021
Que Dulce!
🤗