“Mi vida por tu libertad”

El 24 de septiembre celebramos la fiesta de Nuestra Señora de la Merced. ¿Cómo surgió esta advocación a la Virgen de la piedad, de la misericordia, de la compasión? ¿Quiénes son los que acuden a Ella?

Un poco de historia

A principios del siglo XIII, los musulmanes seguían ocupando gran parte de la Península Ibérica y se llevaban cautivos a muchos cristianos. El fraile español Pedro Nolasco comenzó a comprar a los presos para rescatarlos, vendiendo todos sus bienes. Además, rogaba a Dios para que intercediera en esta situación. La madrugada del 2 de agosto de 1218, como respuesta a sus súplicas, se le apareció la Virgen María, quien lo animó en su tarea y le pidió que creara la Orden de la Merced para la redención de los cautivos.Sin título

Además de los votos de pobreza, obediencia y castidad, los mercedarios proclamaron otro más: dar la vida como Cristo, si fuese necesario, para salvar a los cristianos que se encontraban en extremo peligro de perder su fe. Es por esto que los miembros de la Orden ofrecían su propia vida a cambio de la libertad de los rehenes.

La devoción a la Virgen de la Merced (a la que también se la conoce como “de la Misericordia”) comenzó en esta comunidad religiosa, que la consideró como su mediadora y la difundió por los distintos continentes. A Ella acuden los que sufren por falta de libertad, pero también todos los redentores que buscan hacer presente la liberación de Jesús.

Las nuevas formas de cautividad

Cuando los reinos cristianos reconquistaron la Península Ibérica, se hizo necesario redefinir las funciones de la Orden de acuerdo a las necesidades de la Iglesia y del mundo.

Como los mercedarios mismos proclaman en sus constituciones, las nuevas formas de cautividad se dan en una situación social “que es opresora y degradante de la persona humana; que nace de principios y sistemas opuestos al Evangelio; que pone en peligro la fe de los cristianos; y que ofrece la posibilidad de ayudar, visitar y redimir a las personas que se encuentran dentro de ella”. (COM, 16)

Hoy en día, son muchos los que siguen padeciendo opresión y distintos tipos de cautividad. Algunos de ellos son:

– Los pobres y marginados, quienes no tienen la posibilidad de satisfacer sus necesidades básicas de alimentación, vestimenta, vivienda, educación y trabajo, y por lo tanto no pueden vivir dignamente ni gozar de su libertad.

– Los presos, a quienes muchas veces se descuida por estar recluidos en las cárceles, y se olvida que ellos también necesitan compañía y auxilio sacramental y espiritual.

– Los refugiados de migraciones, quienes se ven obligados a exiliarse (por diferencias ideológicas, discriminación, guerras…) y corren el riesgo de perder su identidad cultural y religiosa al llegar a nuevos lugares que no siempre son hospitalarios.

– Las víctimas de la trata de personas, que se esclavizan y comercializan con distintos fines, atentando contra su libertad y dignidad humana.

– Las víctimas de la violencia familiar, que se ven permanentemente amenazadas en su propio hogar.

– Los que sufren distintos tipos de adicciones y tienen tal grado de dependencia que terminan perdiendo su capacidad de elección.

Frente a estas situaciones, los mercedarios han llevado a cabo varios proyectos de ayuda y asistencia, ya sea en comedores, cárceles, centros de acogida, colegios y parroquias. Su objetivo sigue siendo acercar la misericordia de Dios para aliviar a los oprimidos y devolverles su libertad.

Sin embargo, nosotros también debemos colaborar y ver que en cada hermano que sufre está Jesús. Es importante recordar el pasaje del Evangelio que nos dice: “Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y ustedes me dieron de beber. Fui forastero y ustedes me recibieron en su casa. Anduve sin ropas y me vistieron. Estuve enfermo y fueron a visitarme. Estuve en la cárcel y me fueron a ver.” Mt. 25, 35-36. Cada uno puede ser un instrumento activo para trabajar por la paz y la justicia, y ayudar principalmente a los que se ven privados de su libertad. Somos responsables de nuestro prójimo, y por eso tenemos que cuidar que pueda vivir su vida dignamente.

Pidamos los dones de la compasión y el servicio, para poder acercar la misericordia de Dios a aquellos que están más marginados en nuestra sociedad.

 Merced

“Dios, Padre de misericordia, ha visitado y redimido a los hombres, ofreciéndoles por Jesucristo el don de su amistad y enriqueciéndolos con la libertad de hijos. De modo semejante ha querido suscitar en la Iglesia hombres y mujeres que, guiados por el espíritu redentor de Jesucristo, visiten y liberen a los cristianos que, por circunstancias adversas a la dignidad de la persona humana, se encuentran en peligro de perder su fe.”

(Fragmento de las Constituciones – Orden de la Merced)

Publicado en la Revista Bienaventurados/octubre 2014


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